Una noche cualquiera en la que en la distancia sólo se oía el eco de una música suave y el sonido de las olas cuando se acercan a la orilla, me encontraba silenciosa y pensativa. En ese momento llegaron a mi mente vagos recuerdos que siempre he querida olvidar pero el destino se empeña en recordármelos. Di una mirada al cielo y esa noche se vistió de gala porque estaba precioso con sus miles de estrellas que lucían como diamantes incrustados en un manto celestial.
Sentí deseos de caminar y respirar aire puro ya que sólo así olvidaría un poco la soledad que me embargaba y los pensamientos que me aturdían. Comencé a caminar y a mirar a lo lejos del mar, sintiendo nostalgia por los seres queridos que a distancia se encontraban. Seguí caminando y recordé en ese momento las playas de mi islita y sin darme cuenta me vi recostada en la arena.
De pronto noté que sin saber de dónde, se acercó un hombre que a pesar de sus años maltratados reflejaba serenidad, humildad y compasión. Sin conocerlo siquiera le narré cada detalle de mi vida y poco a poco le había abierto mi corazón. No puedo explicar el porqué, pero a través de nuestra conversación él le encontró el lado positivo de todo lo que hasta ese momento había acontecido en mi vida. Sentí una paz inexplicable y lo que me sucedió después marcó mi vida por siempre.
Me levanté para despedirme y le agradecí lo que esa noche por mí había hecho. Él me contestó que no tenía porqué hacerlo ya que ese era su deber. Sorprendida por su respuesta y queriendo saber más de él le dije; no creo que sea tu deber ya que tu no me conoces pero si te digo que esta noche he llegado a entender que soy un ser maravilloso creado por Dios, soy su creación. Él sabe lo que puedo dar, cuándo y cómo.
Al despedirme le pregunté; ¿dónde podría encontrarte de volver a necesitar tus palabras de consuelo y sabiduría? Él dijo; siempre he estado contigo pero no me conocías... Siempre he caminado a tu lado pero nunca me tomaste de la mano, siempre hablé a tu oído pero te negabas a escuchar y muchas veces toqué a tu puerta pero estabas ocupada para atenderme. Sé que esta noche no la olvidarás porque has decidido aceptarme en tu vida y sólo te pido que de mí no te olvides, porque de ti nunca me he olvidado...
La uso como conversación con Dios, recordando día a día que nos ama
Colaboración de Milay Pr
Puerto Rico
