Te veo por todas partes, en todas las pieles blancas incluyendo la mía propia, estás en los sueños. Te evito. Tu imagen se evoca por sí sola, como si fuera un virus directo hacia mi consciencia.
Estoy aprendiendo a vivir con tu fantasma, a ignorarlo, a apartarlo pero éste se vuelve ante mí como una odiosa divinidad pagana, mostrándose invencible ante su peregrino. Y es así, porque el mar trae consigo las olas de tu temperamento, la tierra el café y la persistencia de tus ojos, el aire trae tu toque tan fresco y salvador y el fuego se hace tal, intentando imitarte.
¿Qué voy a hacer? Es la misma pregunta que formulo cada vez, mirando la noche con su manto, pareciéndose a tu recuerdo con su oscuridad y sus misterios. El Sol en el día intenta copiar tu toque, tan terrible, abrazador y dañino, tan suave y agradable, inexistente a veces.
Y es tanto el poder que tienes, que cada hombre que pisa el planeta lleva un tesoro de ti.
Colaboración de Sol
Chile
