Era una vez que pasaba por la calle de la soledad, los alrededores me eran conocidos ya que no había nadie cerca, la mano amiga que esperaba encontrar justo donde termina mi brazo jamás aparecía, y el clima al cual me enfrentaba no presentaba ningún tipo de alternativa para mí, las condiciones no eran tan favorables que digamos; sin embargo, a pesar que la soledad era la única invisible en ese lugar, fue la misma que me regaló el espacio personal que necesitaba para encontrarme conmigo misma y aprender a caminar con su fidelidad amiga.
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Colaboración de Lazito
Perú
