En la vida llega un momento en el que te sientes despreciado por todos, que no tienes amigos, familia, pareja. Ese momento se llama soledad. Todos en la vida lo vamos a sentir, pero a distintas edades y en dísticas condiciones.
Lamentablemente a muchos nos llega a temprana edad y pensamos que nadie es para nosotros, que llegamos al mundo solo para ser el ejemplo claro de cómo no hay que ser en la vida.
Con varias cosas en la mente llegamos a la conclusión de que somos un estorbo para las demás personas. Vemos cómo nuestros seres queridos logran sus sueños, nuestras amistades cambian con el tiempo y, por consecuencia dejan de ser quienes conocíamos.
¿Cómo es que todos tienen con quien pasar una vida menos nosotros?
A pesar de que, gracias a Dios, tengo a mi familia conmigo, me siento solo. Solo como un alma que no encuentra la luz, atormentada. Veo cómo cada vez que alguien me agrada, esa persona se aleja de mí. Porque no soy como esperaba, porque no soy lo que buscaba o simplemente porque soy quien soy.
¿Cómo quieren que cambie? Soy como ustedes, tengo todas las partes de mi cuerpo donde deben de estar, me agradan y disgustan cosas, tengo sentimientos igual que ustedes.
¿En qué quieren que cambie?
¿Quieren que deje de ser quien soy solo para ser aceptado por ustedes? Según ustedes me aceptan, pero ¿en verdad lo hacen? Entiendan que no tengo por qué ser como ustedes. Crecí de una manera en la que no necesito estar yendo a lugares donde no necesito ir, de una manera en la que un “no” es un “no” y hay que obedecer, en la que no me voy a arriesgar a vivir castigado solo por unas horas de diversión. No soy como ustedes, y por esa razón, me rechazan. Esa es la razón de mi soledad.
Colaboración de Axel Navarro
México
