Tenía 17 años. Me encaminaba hacia un futuro inmenso, prometedor, lejos de mi hogar. Aunque separada por un mar, cierto es que dolor no describiría mi sentimiento ni mi pensar. Una semana bastó para que aquel sueño se desvaneciera, y… Ya nunca ocurrió. Quizá no lo mereciera…
Tú, mi confidente, mi mejor amiga, mi madre, mi padre, mi familia y mi teniente. Te seguí, contigo crecí tan feliz, te agradezco mi vida desde su raíz. Creí poder confiar en ti. Lo había hecho toda mi vida, y… ¡Dijiste a todos que fue mi huida!
Me sentí vacía, no sabía lo que hacía. Dije cosas, muchas fueron mentira. Hice cosas, causaron daño por mi ira. Pero no remaba yo sola en la barca rumbo al desastre. Rumbo a la perdición y a la mayor decepción. Tú ibas conmigo, no habríamos llegado al destino de no ser por ambos cargar con un recuerdo tan dañino.
Nunca lo afrontamos realmente. Pese a que no estuvo apenas presente, a mis ocho años fue peor que cualquier riña. A mis ojos se marchó dejando a tu cargo a un hijo y a una niña. Y lo hizo sin decir ni adiós. Difícil de nombrar que no lo pudiste olvidar, pese a tus muchos intentos en soledad, de corazón, alguien profesional te tenía que ayudar.
Cargaste con tres vidas sin apenas fuerza para respirar por tus heridas. Las sacaste adelante y todo se volvió a tornar. Y, créeme, lo he hablado con gente… Esto, es demente. No importa cuánto trate de entenderlo, ni las veces que intente retenerlo. La familia que fuimos, se dividió en individuales caminos.
Tenía 18 años. Estaba en la puerta de mi casa, con las pocas cosas que consideré importantes de mi posesión escasa. Sin conocimientos del mundo, pues me lo dieron todo hecho a cada segundo. No es que no lo haya valorado, es que no habría llegado a donde estoy si él no me hubiera ayudado.
Él me sacó del tormento de recordar lo que sucedió. Me enseñó la fuerza escondida en mi interior y me apoyó en todo momento. Nunca se rindió. Pero me volví feroz. Le solté cuanto sentía hacia ti. Aun así, siguió ahí. Por eso te hago leer esto. Eres mi madre, debes saber lo que siento… Y al igual que él sufrió por ti, sé que duele y lo siento. Tan solo pretendo que entiendas el por qué de mi relación y que puedas saber que le brinda felicidad y protección a tu hija.
No tener miedo, pero no dejar de luchar. Caes, pero siempre te levantas. No importa que a tramos vayas a rastras. Triunfarás. Lo lograrás. Si lo intentas, vencerás. Sea amor, sea trabajo, en tu persona o en cuidar de un gato.
Guardé rencor. Sentí rabia. Sufrí indescriptible dolor. Estuve muerta en vida. Siento decir esto, admito que fue muy mal gesto… Tener esta relación tan debatida y derruida… Es horrible. Me parecía estar desvanecida. Un día, me reencontré con un amanecer. Se encendía el día, se encendía mi ser. Echaba tanto de menos volver a sentir, volver a reír, volver a creer… Recordé que no debo olvidar. Olvidé que quise odiar. Y descubrí que aún seguía un yo dentro de mí. Así que lo dejé salir.
La experiencia demuestra que la opción es nuestra. Si bien elegí todo cuanto viví, quiero decir que elijo ser feliz desde el día en que creí. Creí en mí. Creí en lo que soy y lo que doy. Creí en el lugar al que voy. Al principio… Me llevó un tiempo pero calmé el llanto. Me equivoqué en el juicio. Eran sentimientos hacia mí. Era mi perdón. Era yo.
Ese día es hoy. Por eso te escribo esto. Esperaba (sin saberlo) el valor para poder hacerlo. El momento en que las palabras salieran de mi pecho. Y sintiera que por fin es hora. Tardé en quererlo…
Quiero decirte que no te guardo rencor, que no exijo tu perdón ni pretendo recuperar lo que aquel día nos unió.
Quiero decirte que eres mi madre, las cosas han cambiado y que mucho tiempo ha durado. La vida es muy larga como para decir que nunca volveremos a saber nada una de la otra, pero muy corta para no darnos cuenta de que hay que acabar con esta tormenta.
Tenía 19, tenía 20, tenía 21 años…viví en un sitio, luego en otro, de vuelta a empaquetar, no perdamos tanto en el trayecto a este nuevo lugar. Aprendiendo a cada paso, consiguiendo poquito a poquito no darme otro batacazo.
No sé si estaba escrito, si era el destino o si tenía que pasar. No sé si debía ser para siempre, por un día o hasta que lo pudiéramos aguantar.
Tengo 22 años, he estudiado, he trabajado, me he rendido como he luchado. He perdido pero he ganado. He conocido, he querido, me he ilusionado. He reído, he llorado. Pero cuando he caído, siempre me he levantado. Esta había sido y es la mayor caída a lo largo de mi vida hasta ahora, pues ya no es tan inocente. Sabía que me había caído, sabía que me había hecho daño. Sabía incluso, que si no hacía nada, si me quedaba ahí, la herida se volvería peor, y ya no habría vuelta atrás.
Me habría rendido sin luchar, sin ver de lo que era capaz. Así que, por todas aquellas veces que te preocupaste por mí, déjame decirte que lo pasé mal, muy mal, pero sobreviví. Ahora estoy bien. Estoy orgullosa de la persona que soy, de aprender de mis errores hasta hoy.
Por eso te escribo, por eso te digo, que sigo mi camino y que he decidido, no interponerme en nuestro destino. Estoy aquí, estoy bien, estoy sin ti, pero ninguna de las dos lo eligió así. Han pasado años, han pasado cosas, pero seguimos en pie. Eres fuerte, yo lo soy porque lo eres tú. Gracias, por todo cuanto hiciste por mi. Cuando llegue el momento, yo lo haré por ti. Si cometo más errores, si te daño con más razones, te pido perdón y te explico la razón: soy humana, soy patosa, soy un desastre, pero soy persona, soy tu hija, tengo sentimientos y mi corazón funciona. Eres mi madre y eres humana, eres persona.
Siéntete orgullosa de quién eres. Porque gracias a ti, yo estoy aquí. No me importa que otros no sepan perdonar, no acepten mi querer o que me denieguen el suyo. Hago caso omiso de quién pone al dolor por encima del valor o quien guarda rencor y escoge vivir para sufrir tanto como hacer sufrir a otros. Y rechazo escuchar o mi vista fijar en todo aquel que no siga a su corazón, no ceda espacio a la razón, y se guíe por cuanto refleja en su interior auto-traición.
Tras fallar, juzgar sin observar, volver a fallar, dañar y callar cuando debía hablar, señalar cuando debía autoanalizar y reflexionar, he pactado conmigo misma, dejar cuanto no merece la pena y abrir paso a cada ser, cada sensación y cada momento, su merecido espacio en mi extraordinaria existencia. Ser la persona que soy, y nada más. Nada menos.
Prometo al mundo, hacer de mi visita una huella merecedora de su recuerdo. Y arreglar cuanto esté en mi mano. Haya o no haya sido la causante. Porque mi decisión es aprovechar y valorar mi estancia en este pequeño planeta, como todo en su interior. Esta carta no es un hola, no es un adiós, no es un espérame, pero tampoco un olvídame. Es simplemente algo que te debía, algo que me debía a mi misma desde hacía mucho tiempo. Es mi, digamos, mi perdón, mi conversación pendiente, mi versión más sincera, mi deber como tu hija. Aquí te lo entrego. Aquí lo dejo. Aquí me levanto.
Versión maternal.
Me es muy difícil escribirte algo a ti. Me es muy arduo contarte mi verdadera opinión sobre nuestra paternal relación. No es exactamente temor, el sentimiento que me invade. No es precisamente protección, ni algo que me agrade. Creo que más bien es una sensación de cobarde. Pues sé que se me está haciendo tarde. Y para cambiarlo no hago nada, decidí quedarme estancada.
Te he querido decir todo esto que aún no está escrito, ni tú has leído (aún) hacía muchísimo, muchísimo tiempo. ¡Joder, eres mi padre y no sabes lo que siento!
Empecemos…
Era pequeña, no tengo apenas recuerdos de mi niñez contigo… Desgraciadamente apenas estuviste por casa, las cosas nos alejaron lentamente, pero en masa. Situaciones que vivimos como la familia que fuimos. Separación que causó injustas emociones en mi interior, cada vez que nos vimos. Versiones enfatizadas al convenir de mi más cercana figura modelo. Me guié por sus comentarios… Era una cría y la quería, no podía hacer menos…
Siento mi comportamiento. Si te soy sincera, no tener más recuerdos contigo, papá, es algo de lo que me arrepiento. Cada cuadro que te tiré, el dálmata que te negué y cada llamada en la que te colgué. Por no decir las infinitas veces que te insulté. Lo siento. Te pido perdón, de verdad, lo lamento, te lo digo de corazón.
No sabía tu versión y te juzgué dejando salir de mi interior cada cruel emoción, causándote extremo dolor. No lo vi pero sé que la culpable, yo fui.
He llegado a la conclusión (espero que no sea tarde) de que sin saberlo, a copiar a mi madre aprendí a acostumbrarme. Cuando escuché de boca de otra persona lo que pasaba, no creía lo que acababa de enterarme… La culpa poco a poco me ahogaba.
Lo siento.
Hace 5 años acudí a ti en busca de ayuda. Económicamente hablando, has estado siempre, sin tan siquiera andar conmigo negociando. No has tenido alguna duda. Déjame agradecerte cada material que me has aportado, a pesar de acusarte de escatimar en el amor que me has dado.
Me faltan a día de hoy incontables abrazos, innumerables domingos, tu visita a mi nueva casa o al menos tardes comportándonos como tilingos.
Me has aportado sabiduría, conocimientos y la noción de que tengo que currarme mi futuro, sin rendición. Luchar por mi meta, que la meta sea lo más alto que pueda imaginar y no dejar de intentarlo hasta en ello prosperar. Gracias. No entendía tu intención, hasta que aprendí la lección.
Tu nivel de vida, tu manera de remediar de la mente cualquier herida, causada por ira o la estupidez de cualquier demente… Tu nivel de cultura, tus conocimientos y tu experiencia, tu bondad y tu paciencia, me han hecho tener conciencia. Llegar lejos, alcanzar cuanto quiera soñar, es algo que se que puedo lograr si nunca me planteo abandonar.
Pero… No dejo de imaginar cuánto sería como persona, tu opinión de mí, teniendo en cuenta que ahora me llamas campeona ¿Cambiaría mucho lo que me rodea? También mi participación como “miembro de la familia” es algo que se me plantea.
Te aseguro que no importa qué me digas, hoy por hoy Mónica no aceptaría intentar conmigo hacer buenas migas. Me molesta sentir que casi me detesta. Cualquier cosa haría, en serio, por creer que una parte de vuestra vida es mía.
Cumpleaños, navidad, cualquier cosa que pueda ser motivo de festejo, unión familiar y felicidad. Memorias, las recuerdo con mi pareja, alguien que compañía y amor me sirve en bandeja. Eso sí, nadie de mi sangre puedo esperar, pues no los tuve en el reciente pasado, me ciño a la realidad. ¡Él y yo somos jóvenes, pero a lo que podemos llegar!
Te echo de menos, y eso que nunca te llegué a tener. Viviendo con mi hermano, te tuve más cerca papá, de lo que pude creer. Pero lo jodí, lo admito, supe acabar con ello, lo perdí. Me costó, pero poco a poco aprendí que a ambos os agradezco mi vida, desde el día en que nací.
Tan sólo es mi manera de pensar. Que sepas que dentro de mí, sé que me quieres y la manera en que me sitúo, sea cual sea el lado familiar (absurdo, en ambas me encuentro un gran muro), es algo que asumí, tú también me hieres, aunque temo me abandones (acentúo que lo insinúo).
Me cuesta entender por qué entre Dani y yo te tienes que meter. Papá, por favor acepta que paciencia, te pido puedas tener. Me llevó 5 años aprender que mi madre no necesita pedirnos perdón, pues nos dio la vida y nos unía aquel cordón. Así que, añadí a mi pensar, que sin ti no lo pudo lograr, pues tu perdón no exijo tampoco. Sólo que aceptes mi pensamiento, aunque lo veas extremadamente loco. Lo llevo dentro, me mata y ésta es la única solución que encuentro. Así que, ten esta carta, ten estas palabras, actúa en consecuencia como creas. Pero recuerda mientras lo labras, que te quiero, y espero que la puerta entre tu hija y tú, por esto no desabras… Tengo miedo de que lo leas…
Por cierto, ha sido duro de cojones, más difícil que salir de una manifestación ileso, a empujones. Lo he escrito. Lo has leído. Tantas veces que en este momento he temido… Pues los riesgos, te digo, que con dudas y tremendos nervios, creo, que he asumido.
Versión paternal
Pretendo ver qué se piensa de mis sentimientos desde una perspectiva completamente fuera del entorno, de esta "mi familia".
Colaboración de Cristina
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