Pretendo olvidar fragmentos de mi vida, esos trozos de existencia que me hicieron infeliz, esos recuerdos que no voy a poder arrinconar. Quisiera omitir de mi mente esas fracciones de segundos, minutos, horas, días que me marcaron, que fueron como una espina clavada en algún lugar de mi cuerpo, que todavía siento y me duele, no sé dónde se encuentra pero recuerdo esa sensación de sufrimiento.
En todas partes existen cosas, lugares, aromas, palabras, rostros y cualquier forma imaginable que actúa como disparador de recuerdos. No quiero conmemorar; los momentos se buscan y se mezclan formando recuerdos confusos, que son aquellos soplos de vida que pretendo borrar completamente. Deseo poder olvidar, colocar la atención en mi ser, dejar de existir en cualquier escena que represente el recuerdo.
Pero, ¿para qué? Hoy ya es demasiado tarde. Mi corazón se está cansando de latir, mi cuerpo no responde a mis órdenes, me siento completamente abatida, sin fuerzas, siempre me pregunté qué se siente al morir, no es necesaria una respuesta, en estos momentos lo siento lentamente en carne propia.
¿Por qué mi vida fue tan miserable? ¿Por qué lo es? Me lo voy a seguir preguntando hasta que llegue el momento de partir. Quizá el destino quiso que mi vida fuera mísera. No me refiero a lo material sino a las personas de mi entorno he incluso a mí misma, simplemente no sólo sé. Siempre rodeada de personas egoístas, orgullosas, falsas, autoritarias. Y finalmente me doy cuenta de que me convertí en uno de ellos; si no fuera así, no estaría agonizando sola, ahogando mis penas conmigo misma.
Todos me decían que lo importante no era lo material, que lo importante era el afecto, el amar y ser amado, pero obviamente hice oídos sordos. Yo sólo conozco el silencio y la soledad. Tengo que aceptar que abandono este mundo sin que nadie me despida y sin nadie de quien despedirme y llegó el momento.
Colaboración de Fiorella
Argentina
