Este espíritu que sueña con vivir al máximo, que piensa con seguir su camino sin importar quién se quede atrás, no es más que un trozo de madera verde, que aún no aprende a amar, y sólo sabe que es su falsa verdad, el sueño vano de la amistad, porque ya lo ha perdido todo, que ya no puede llorar, su alma ya no responde; todo lo que le causaba dolor, terminó por desaparecer, quedó cristalizado como el hielo, perdido en el cielo y abandonado en el mar anhelado, el de la humanidad; así vagará para siempre, constantemente, no tendrá más que la última solución, ha cargado entre los barcos de un núcleo extinto, el llanto pasado, eterno y olvidado que se ha consumado entre las alas de fuego cortadas de su pobre alma, a su única y utópica razón de vivir, el amo de su esencia, a quien le consagra este último viaje, el más largo de todos, y del que nunca regresará, dejando por escrito y gritando al viento:
-¡Soy lo enterrado, la ausencia razonable, lo insondable, el alma más pura, lo menos antitético!
-¡Soy un corazón muerto que no volverá!
Colaboración de ryoMoon
México
