Tus ojos de lucero
como el mar brillan
cayendo una gota
por tu mejilla.
De alegría o de tristeza
una lágrima se va
y un olvido eterno lo esperará
buscando un alma para atormentar.
Ya no cabe más en el corazón
por eso resbala en su interior
y se abre paso al exterior
donde cae ahogado por el sol.
Se muere en el intento de huir
ya que se escapa de un sentimiento
por el cual vive
y donde ni tú ni yo seremos libres.
Este poema se lo dedico a todos los que sufren en medida de consecuencia de una despedida, lo único que resta hacer es llorar, porque así uno demuestra el sentimiento que uno siente hacia esa persona que uno despide.
Colaboración de Zelaya Yassi
Bolivia
