De pronto cuando amanezca mi imagen se borre por fin de tu mente; y al amanecer del día siguiente no recuerdes mi rostro mi cuerpo y te hayas despedido por completo de mi fragancia... Y que los besos se borren al fin con otros ¡labios! Para cuando eso tiempo llegue, te escribo esto que es mi corazón en letras, afirmando que te extraño y te amo.
Si no parece y si no lo sientes es que trazamos un camino “cambiando”, ajeno a cada uno que impide sintamos esas cosas impensadas que un día nos iluminaron, te recuerdo misterioso entre mis sábanas y refugiado con mi alma, ese paraíso que me diste. Lo que nunca volveré a poseer ¡tú! sombra ¡tu esencia! y te extraño cada madrugada, cada mañana.
Ahora conservo tu imagen en cualquier lado en todas partes; imagino que vestirás y recuerdo bien tu retrato y pienso en ti como si mañana fuera a ser diferente, tratando no olvidarte nunca, pensándote más seguido con la esperanza de que eso te regrese a este tu lugar a mi lado.
Y esto que hago a la final no fuera solo nada. Procurarte un punto de agarre y volverte. De nada vale lamentarse, si mañana nada te traerá, si por la noche tu estampa solo me cuida en sueños, para nada ahora me quedaron las lágrimas y las esperanzas, ni la vida misma si no la alimentas tú con un te quiero, con una llamada con las sobras de saber que tú también esperas por mi como yo por ti, aún que no deba…
Colaboración de Marisa
Ecuador
