Y surge el triste verso, macabro y tenebroso,
con un olor a incienso, torturando el reposo.
Con la cara escondida, entre viejos edredones,
la Vieja se fatiga, esquivando ratones,
que escalando los muros, en líneas ostentosas,
mezcladas en lo oscuro, sus sombras misteriosas.
El lúgubre murmullo, de un búho pasajero,
pernocta con barullo, en miserable estero.
Se ríen de sus bostezos en un árbol cansado,
murciélagos traviesos, en círculo agrupados.
Noctámbula canción, rima su compañero,
un mugriento bastón, digno de un pordiosero.
Polvientos pergaminos, adornan las paredes,
refranes mortecinos, añoranza de ayeres.
La pálida hojarasca, que ayer fuera lozana,
que ha llegado el otoño, anuncia en la ventana.
Yo soy la vieja de este poema.
Colaboración de Noctámbula
México
