Muy a menudo yo me siento por las tardes mirando el horizonte
con la esperanza que tú vuelvas, a pasear por la pradera de mi vida
he esperado con gran ansia tu silueta dibujada en la nube que me moja
con el atardecer, llega el suspiro que me dice: ¡No la esperes, no es su nido!
Muy poco la vida nos deja sonreír, muy poco la vida nos deja para ser, y es tan grande y prolongado el sufrir la esencia del que marcha sin retorno muy a menudo yo me siento por las noches mirando el firmamento ¡y en cada estrella que yo veo, recuerdo la luz de tus amados ojos que un día me miraron con cariño!
Y es entonces cuando brotan a raudales las tristezas y se funden con el llanto lastimero y mis quebrantos… Era buena y yo la amaba, era santa y la añoraba, pero se perdió en la noche de tinieblas y dejo sin calma mi conciencia ¡Más aún sumido el corazón en el olvido!
Muy a menudo, yo me siento en la mañana con el alba y al mirar el sol, cuando se pone veo la sonrisa que daba fuerza grande para ser triunfante, el sol me recuerda el calor que yo sentía, la dicha que se ha ido y que no vuelve y entonces como niño sin su madre me derrito en sentimiento y en gran llanto mientras aún te grito fuerte: Yo te amo, por favor, ¡un día vuelve!
Aún la espero aunque nunca vuelva a mí.
Colaboración de
Miguel Barragán
México
