En este momento estoy pasando un momento muy doloroso, me siento desubicada totalmente, me siento vacía, triste, sin esperanzas porque aunque tenga esperanzas sé que son de vicio. Me duele tanto, tanto, que no me haya querido... No me molesta, no me enoja, sólo me entristece muchísimo… Es una pena profunda. Y no me siento mal porque crea que soy menos porque no me quiso, no es eso. No es enojo, no es falta de autoestima; es el auténtico dolor en el corazón cuando uno sabe que algo inalcanzable lo es en realidad.
No es frustración ya que la frustración va de mano con el enojo; es sólo tristeza… muy profunda. No es depresión porque igual ahora mismo puedo ir a disfrutar de cualquier cosa que me guste y de hecho la disfrutaría. Es una auténtica pena, un auténtico dolor; simple y llano, sólo eso, dolor. No va mezclado con nada, no está disfrazado de nada, no está influenciado por otro sentimiento que no sea el mismo dolor.
El dolor como cuando se toma uno el dedo con la puerta, es cierto que a veces nos enojamos luego de habernos tomado el dedo, pero la primera sensación, ese corriente que va directo al cerebro sin más escala, ese dolor inicial profundo que se siente y segundos más tarde se analiza, así es lo que siento en este instante. El dolor del desamor, sin más, sin añadidura, sólo el dolor de saber que nunca me quiso.
Colaboración de
Ámbar
Panamá
