Saliste… Quien sabe cuál fue el motivo de tu partida, sin valijas, sin recuerdos. Intenté que mis señales pudieras ver, pero fue en vano, no lees las gotas de rocío. Es frío el que recorre mi espalda esta noche, un frío de un viernes cualquiera, entre una suave campera y un sillón reclinable. Siento la presión de tu ausencia, como almohadas que me cubren de los miedos de mi niñez, tapando el silencio aún sabiendo que existen allá afuera.
No tomaré caminos pisados, dibujaré flores este invierno y vestiré del rosa que me agobia llegando a convertirse en una fobia inexplicable para los amantes de viejos corazones trazados en árboles añejos. Solo Dios recuerda cada palabra que recite esta noche… Son secretos de almohadas que no me arriesgo a olvidar. Para celebrar tu partida brindo con el último trago que dejaste en mis labios aquella noche que rozando mi mano te llevaste mi piel.
En sutiles puntillas bordaré lágrimas que junté de niña al no conocer las respuestas cuando nadie escucha. Incontables son los de granos de arena que llevo bajo mis pies tratando de seguir el perfume que derrama tu joven presencia en los pequeños desiertos de mi cuarto. Te fuiste temeroso, escondiendo tras un cuadro la luz de tus ojos.
Saliste sin valijas tras la búsqueda de algún recuerdo
que te acerque a ella.
Colaboración de
Gise W
Argentina
