Cartas para una traición y despedida
“señora” Anguiano: con dolor y con tristeza y mucha nostalgia escribo esta carta. Quizá la lea quizá no. El motivo de ella es la despedida. Le digo “señora” Anguiano porque con gran dignidad y orgullo llevará ese apellido, con tanto orgullo y dignidad como supo llevar el apellido Escalante.
Perdón pido por todos los malos ratos que la hice pasar a lo largo de esos años infelices que conmigo compartió. Créame que a pesar de todo yo la amaba y disculpaba todos esos malos ratos que con toda intención me hacía pasar. Mi amor era grande pero no suficiente como para evitar el engaño y la traición; una traición injusta y cruel, baja y vil e inmerecida porque yo siempre jugué limpio y ya ve como me fue por hacerlo. Siempre confié en Ud. Como mi digna y leal esposa, creí que cuando el momento de separarnos llegase, con toda sinceridad me lo diría y evitaría la vil traición que con “mi buen amigo al fin llevó a cabo”.
No fue así, no solamente no lo hizo; llegó aún más lejos: hizo burla y escarnio de mí. Considero que yo no merecía eso, como ya dije siempre jugué limpio, mi falla fue depositar mi confianza y buena fe en quienes no supieron valorar eso. Entiendo, yo tuve la culpa; creí que al igual que yo, las personas jugaban limpio. Me equivoqué. Fingiendo una amistad que lejos estaba de sentir “Mi buen amigo y mi honesta esposa" supieron engañarme también que primero se enteró todo el pueblo y finalmente yo. Nunca desconfié de ambos a pesar de tener motivos para hacerlo, siempre creí “Que con todo respeto” un amigo y mi esposa sabrían apreciar mi buena fe y la confianza depositada en ellos”.
Equivocación. Perdí y lo lamento, por mi mismo, difícilmente podré volver a confiar en la amistad de un buen amigo; Lamento haber llevado a mi casa a su digno compañero señora. Sentí compasión y quise expresar mi solidaridad por su triste situación familiar debido a la tragedia que estaba viviendo. Ahora el de la tragedia soy yo. Jamás me pasó por la cabeza que la mujer que era mi esposa, se conmoviera tanto con esa tragedia que olvidara su pudor y el deber de fidelidad que debía a su esposo.
Se convirtiera en su amante, sin importar, sus hijas e hijo y mucho menos, claro que mucho menos el hombre bueno que era su esposo y que confiaba ciegamente en ella, “señora” eso duele mucho, demasiado, sabía yo que la separación quizá llegaría porque ninguno de los dos queríamos ceder en nada. Sra. falló en su apreciación, yo no quería divorciarme, quería darle su libertad porque me daba cuenta que no me amaba, que nunca me amó, que se casó conmigo no se porque, yo lo percibía y me dolía demasiado, ver que sólo era para usted la fuente de dinero que necesitaba, sólo eso, nada más que eso, sólo por eso estaba conmigo.
Yo tontamente trataba de cumplir todos sus gustos todas sus exigencias y varios de sus caprichos. De nada sirvió, sólo para causarme más dolor, infelicidad y al final el engaño y traición que tanto me duelen. Quiero expresarle mis deseos: deseo que su esposo o pareja sea tan fiel y digno de confianza como lo fue usted conmigo, que sea tan bien tratada como el trato que usted me dispensaba, que la haga sentir tan bien como usted me hacía.
Y para él que tenga un amigo tan digno y respetuoso como lo fue él para con su amigo, en este caso yo. Que sean tan felices, como feliz es la familia que destruyeron, que cada vez que hagan el amor no recuerden la traición que cometieron. Que su amante no recuerde la tragedia familiar que un borracho inconsciente le causó, que su conciencia jamás le reproche el daño que él en forma consciente causó a seres inocentes que nada le habían hecho, sólo el error de tratarlo bien y ser solidarios en su tragedia.
Pido disculpas por dejarle su ropa en esas condiciones: Aseguro a usted que no es odio ni es deseo de desquite. No, solamente el término de un ciclo que se acabó. Así como esa ropa está destruida así lo estoy yo. Con mucho trabajo y dificultades, esa ropa quizá volverá a servir, pero jamás volverá a se como fue, pues siempre quedarán las marcas de los cortes. En mi caso, los cortes son invisibles pero ahí estarán por siempre. No me queda más por decir señora Anguiano, sea usted feliz si puede olvidar la voz de su conciencia que tarde o temprano le recordará el daño que al igual que su amante en forma consciente causó.
Adiós señora…El que alguna vez fue su esposo que la respetó hasta el final, el que confió en usted hasta el último minuto de firmar el acta de divorcio. Ese al que usted y su amante dieron una puñalada por la espalda. Ese le dice adiós.
Salomón Escalante González
Quiero que esa carta sirva de reflexión para aquellos miserables traidores que traicionan la amistad, la confianza y la buena fe de un hombre bueno
Colaboración de Salomón Escalante González
México