Dime, vida, ¿qué placer encuentras en mi caída? ¿Tanto me quieres ver roto, que hasta el aire me olvidas? He seguido las reglas, he guardado la calma, pero parece que no basta ser bueno para salvar el alma. Me hablas de la esperanza como si fuera un escudo, pero ante el frío de la duda, el corazón se queda mudo. ¿Para qué es la fe? ¿Para esperar un milagro que no llega? ¿Para seguir caminando mientras la suerte me niega? ¿Si cada paso que doy se convierte en mi propio acertijo? Me sostienes aquí, en este escenario vacío, con los pies cansados y el pecho lleno de frío. ¿Para qué me tienes acá, si solo soy tu blanco fijo? Y lo peor de tu juego, lo que más me quema y me atrasa, es esta maldita máscara de payaso feliz que no pasa. Me pintaste una risa para ocultar que por dentro colapso, obligándome a bailar mientras el tiempo me quita el abrazo. Es una carga muy pesada fingir que todo está bien cuando la fe se siente como una palabra vacía.
