Por el acantilado
Donde el mar es siempre
El que enfurece su espíritu,
En ese acantilado
Donde los anillos de la bruma
Hacen blandas las rocas,
Muy cerca, ni las tejas
De la espuma, ni las
Alas de las grullas,
Ni las voces del boquerón,
Nada hace detener
Tus pasos, hacia vacío rocoso,
Nada te detiene, ni aquellas
Voces celestiales, ni tus alas, ni las mías,
Ni el sueño frágil que guarda
Tu ilusión, ni el sol de verano,
Nada te detiene,
Eran los puños inmortales
Los que golpean tus huellas,
Las huellas que te vas alejando
Cual tren al sur.
Colaboración de Paolo Astorga
Perú
