Es como la lluvia que de repente moja mis manos, se escurre y se va: así es el amor.
Si me regocijo al sentirlo en mis manos, pero niego y pataleo cuando este se escurre ¿quién es el problema?
Y si no lo disfruté cuando lo tuve y solo clavo en mi alma el enojo de que se haya ido ¿de quién es el problema?
Si hasta el verano cíclicamente aparece y se va... para nuevamente aparecer.
¿De quién es el problema? ¿de la naturaleza del amor? ¿o de encapricharme por ver un solo lado de él?
Solo hasta que disfrute el amor cuando lo tengo entre mis manos, sin temor a perderlo...
Y sólo cuando acepte mi pena y sienta el profundo dolor cuando se escape, sin negarlo, es cuando entenderé el amor y la vida.
Colaboración de Edgar Martínez (Webmaster)
México
