No soy persona de creencias, incluso muchos consideran que he rebasado el límite de blasfemar, a menudo mis opiniones sobre la religión saltan los muros de la vehemencia, el apasionamiento floreciendo en defensa de nuevas alternativas de vida, vivir sin miedo a morir, vivir sin arrodillarse, vivir con ese furor de encontrar retos nuevos, de investigar de indagar, apasionarse de vivir, por esta razón no pienso encauzar a mis hijos ni adoctrinarlos bajo la bandera del miedo y la zozobra…
No pienso seguir tradiciones que entorpezcan el desarrollo de la humanidad, que no cavile en ideas que a su padre desgraciadamente le dieron sin otra alternativa que seguir. Muchos se preguntarán, muchos se estremecerán pero la vida es única y no podemos seguir malogrando y perdiendo más tiempo. No encontraremos jamás garantías, de que cuando se termine esta vida encontraremos otra.
No hay nada más precioso que deleitarse con la ciencia y sus descubrimientos. Me disculparé por el menosprecio que puede recaer sobre algunas personas, pero no dejaré de blasfemar, detestar, aborrecer y abominar, porque ya estoy cansado que en este momento de desarrollo rebosante de descubrimientos, atestado de razones científicas…
Sigamos todavía creyendo en dioses que rigen el destino de la humanidad, en dioses que dictan que este es el único mundo posible. En dioses que nos dan abrigo que nos dan y nos quitan, aceptemos de una vez que lo hermoso de nuestra existencia desaparecerá por completo después de la muerte, que no hay vida trascendente sino una única vida.
No te mortifiques en enviar impulsos eléctricos al cerebro por qué ¡no nos vamos a quemar en el infierno!, tus logros y éxitos son tuyos al igual que tus descalabros y fracasos, en tus manos está la posibilidad de ser quien quieres ser, ¡somos exorbitantes y monumentales, hacemos lo imposible con la ciencia como aparejo de un nuevo mundo!
Colaboración de Juanda
Colombia
