En una noche sin sueño sentado en la cama, mirando sin mirar sólo escuchando mi respirar, divago en mi mente viajando en el tiempo, viajando a una infancia, una agradable infancia cuando toda mi vida era ser llevado a la escuela y estar con los amigos, los primeros amigos los verdaderos, con los que te podías enojar y en cinco minutos conversabas como si nada hubiera pasado como si volvieras a comenzar…
Una infancia tan sencilla, que al regreso de la escuela te sentabas a ver televisión y era lo mejor porque eso para ti era el premio por ir a la escuela, por hacer tu tarea, por terminarte tu comida, y ahora sentado aquí sin saber que hacer te pones a pensar “¿Por qué antes todo era tan fácil, tan divertido?” y no queda más que añorar esa infancia, hacer travesuras y sentir el riesgo, la satisfacción de no ser descubierto, de que no importaba como estaba el día tú eras feliz, sin importar nada y te preguntas…
“¿Cuándo fue que eso acabó?” y sin tener la respuesta regresas de ese viaje y contemplas tus tenis, contemplas a tu alrededor y el sueño vuelve como por arte de magia (y creo que este texto no termina bien no tiene un objetivo ni una moraleja pero te deja un buen recuerdo).
Colaboración de
Omar Vázquez
México
