A los reyes de la creación, a los únicos usufructuarios de la real y santa naturaleza.
El hombre, es la más elevada de las criaturas, la mujer, el más sublime de los ideales.
Dios hizo para el hombre un trono, para la mujer un altar; el trono exalta, el altar santifica.
El hombre es el cerebro, la mujer el corazón, el cerebro fabrica la luz, el corazón el amor.
El hombre es genio, la mujer es ángel, el genio es indefinible, el ángel es inmensurable; se contempla lo infinito, se admira lo inefable.
El hombre tiene un fanal, la conciencia, la mujer tiene una estrella, la esperanza, el fanal guía, la esperanza salva. El hombre es dueño de todos los heroísmos, la mujer de todas las virtudes.
El hombre piensa, la mujer sueña, pensar es tener dentro del cráneo una larva, soñar es tener en la frente una aureola. El hombre es un código, la mujer un evangelio, el código perfecciona, el evangelio sublimiza. El hombre es un templo, la mujer un sagrario, ante el templo nos descubrimos, ante el sagrario nos arrodillamos.
El hombre es un océano, la mujer un lago; el océano tiene la perla que adorna, el lago la poesía que deslumbra. El hombre es águila que vuela, la mujer el ruiseñor que canta; volar es dominar el espacio, cantar es conquistar el alma. En fin, el hombre está colocado donde termina la Tierra, la mujer donde comienza el Cielo.
Colaboración de Ocomu
Venezuela
