Yo no sé si la ausencia de acentos y la carencia de puntuación son los que desordenan todo, pues lo que digo nada tiene que ver con lo que pienso y mucho menos con lo que escribo. Por eso ya no pienso; por eso ya no hablo, por eso ya no escribo. Cuando algo quiero decir, enmudezco, me como las palabras, me bebo las letras...
Y si aún vivo, es porque mi dialogante habla, contesta y decide por mí. Le pertenezco. Es él quien inicia y termina los temas, quien me dice cómo y qué es lo que debo creer, pensar y hasta soñar. Por eso quiero saber si aplicando la acentuación y la puntuación en forma correcta puede concebirse el milagro que me ayude a formar juicios inteligentes; a interpretar todos los mensajes; a trasmitir mis opiniones.
¡Ay! ¡Si pudiera hablar! ¡Si pudiera escribir!... Si pudiera cerrar las puertas a la necedad, dejar mí esclavitud y empezar a vivir.
Adoro las palabras. Me apasiona el tema de la ortografía y pienso que el cielo también se alcanza con una excelente cadena de palabras que le quitarán el peso a la vida triste de todas esas vidas que ni siquiera saben que están tristes.
Colaboración de Kaqués Cardeña
México
