Hacía frío, yo caminaba por un sendero sin rumbo fijo, sostenía un cigarro en la mano mientras observaba la luna, reflexionaba sobre todo lo ocurrido en mi vida, era una noche de luna llena, una noche de recuerdos, una noche en que las personas gritaban de alegría y otras de dolor. Las cosas ocurrieron y ya, todo fue tan mágico, era como estar en la sucursal del cielo, en el infierno, la luna me mandaba señales, algo en su esplendor me susurraba al oído, tranquilo, todo estará bien.
Después de caminar un rato, una mujer sentada en una esquina estaba tratando de fingir su llanto, pero era inevitable yo llegué en el peor momento de su melancolía. Aquella noche estaba destrozado yo también, pero debía sonreír aunque no me gustara, el amor de mi vida había destrozado con sutiles palabras la esencia de mí corazón, me sentía sin aire, un poco asfixiado de dolor por querer olvidar, por querer dejar un pasado escrito en mi presente con tinta de sangre, color a maldad, yo le hablé.
Con sus manos secó sus lágrimas y sonrió, me senté junto a ella, y sin decirme nada, me arrebató el cigarro de mis manos, de inmediato le dije con palabras irónicas: "cuidado niña, que sólo llevo ese conmigo y la verdad quiero que al menos el humo rojo de ese marloto sea mí única compañía hasta llegar a casa", me guiñó el ojo y fumó, lo sostuvo en sus pulmones por un largo rato mientras miraba fijamente mis ojos, se acercó y lentamente dejo caer el humo sobre mí boca, no hice nada, sólo cerré mis ojos, se levantó y me dijo, lo siento, pero el cigarro se va conmigo, le respondí, bien, vete con él, sé que tendrás buena compañía, yo me conformo mientras la luna aun siga caminando conmigo.
El humo rojo de mi Marlboro
Colaboración de Michael Ramón
Colombia
