La persona desquiciada por la desesperación, la cuál, utiliza como artilugio de defensa
un soez lenguaje y que siempre expresa con su habla el odio, el repudio, su sed de venganza, su rencor, sus enfados, los agravios, su impotencia y la ira; está desgraciadamente condenada a cargar, con las cadenas depresivas de la amargura y la violencia; las cuáles, se han cerrado con los candados del pese- mismo y de la ignorancia.
Y estos no podrá abrirlos, hasta encontrar las ya- ves perdidas del saber y de la fe, las cuáles a su vez; se encuentran en los cofres de su mente y del amor, extraviados... En algún rincón de su alma.
Reflexión que nos habla del cómo rencontrarnos con el amor nuevamente.
Colaboración de Roberto del Castillo B.
México
