Por considerarlo de un valor sentimental incalculable, he querido publicar y comentar, con la debida autorización, parte de una carta que un amigo le envió a su hija y, que por su amistad de muchos años me hizo llegar, con la intención de intercambiar ideas al respecto. Y es que a veces pasan cosas que nos hacen sentir mal, la peor es una decepción. Pero la decepción no es una derrota, es el principio de un aprendizaje que espera sea asimilado.
Cada ser humano es diferente, cada quien tiene sus motivaciones, sus reacciones, posee sus sentimientos y asume sus responsabilidades totalmente distintas, lo que determina si tendremos cortas o numerosas decepciones. La vida es eso, es tropezar y caer… y volver a levantarse, es la perenne enseñanza y alcance de la dinámica existencial con su entorno y con uno mismo.
“Querida hija, jamás el ser humano se siente peor que cuando lo decepciona alguien de su naturaleza íntima. ¿Sabes por qué? Porque hay personas a las que no debes decepcionar: a tus padres, a tus amigos, a Dios, pero; muy especialmente no debes decepcionarte a ti misma. Porque tal vez no seas la mejor persona del mundo, que ha cometido errores, que ha tenido tropiezos y fracasos, pero eres única, original, incipiente con la suficiente capacidad para aprender que eres parte de esta vida, que no debes ser tan prepotente para llegar a sentirte decepcionada de ti misma y mucho menos perder la Fe en tu Padre, que siempre trata de orientarte en lo que puede y busca cariño y comprensión, pero que por tu juventud no lo aceptas.”
(Comentario)… Hay personas a las cuales puedes querer con todo tu corazón, las quieres tal y como son, pero hay ocasiones en las cuales te pueden decepcionar, pueden no ser lo que siempre creíste, pudiese haberse creado una imagen que no era, eso no importa porque sigues queriendo a esa persona tal y como es, con sus virtudes, con sus errores, por lo que son…
