Mi especial agradecimiento a quienes tanto han enriquecido mi vida
A los claretianos que me abrieron el camino para andar por él, a mi familia, que con su aliento y cariño, fueron de mí, presencia callada, a mi pueblo, con el que me he sentido arropada y, a una persona muy especial que sin su “empujón" y apoyo estoy segura de no haberlo hecho
Que mis inquietudes de evangelizar hubiesen podido realizarse y, hablar de ellas, es casi un milagro y un motivo para dar gracias a Dios.
Disfrute durante 50 días y 50 noches de la oportunidad de zambullirme en el rio de vidas y bendiciones que brota del corazón de Dios. Entre estas letras, escondidas entre comas y puntos, salpicada de brochazos de color, hay mucha vida, y no crean que esté elogiando a aquellos que tuvimos el honor de llevar a cabo una misión, no. El poder contarlo me da la oportunidad de compartir lo que soy, de poder dar y recibir, de encontrarme con personas de buen corazón que nos muestran vida, aun en las peores condiciones, y que nos dan la oportunidad de ofrecerla.
Cada trabajo o responsabilidad, cada gesto que realizamos en esa direcciones un regalo para nosotros mismo, porque hemos sido creados para el amor, para darnos, para construir ofreciéndonos. Y lo bueno es, que así somos felices. Sólo cuando nos damos a los demás y ofrecemos de lo nuestro, descubrimos asombrados que la vida se multiplica y que nuestro corazón se esponja y nuestro vivir se llena de sentido. Por ello, me siento dichosa de haber vivido esta experiencia y de ofreceros la con humildad, pero con sentido de responsabilidad.
He vivido una experiencia misionera, que ha cambiado totalmente, mi forma y mi manera de ver la vida. Qué pena, que para que unos seamos ricos, otros tengan que ser tan pobres.
Colaboración de Jenny
España
