Corría, sentía la brisa en mi rostro, sentía el viento en mi cabello, sentía mis pulmones trabajar como dos bombas hidráulicas para abastecer mi aliento. Me sentía cansado, fatigado, gemía, sentía arder mis piernas, pero eso me excitaba de una peculiar manera, era como una resucitación, si, ya sabes, como cuando el cuerpo sabe que esta muriendo y produce espasmos en busca de revivir.
Así mismo, mi vida buscaba la forma de sobrevivir a la porquería en la que me estaba transformando, la misma que me asesinaba lenta y muy dolorosamente, entonces, mis músculos me suplicaron reposo, un descanso. Muy dentro de mí sabia que mi cuerpo no tenía la condición para soportar lo que mi alma quería hacer, pero ya era tarde para pensar en eso.
Estaba decidido a seguir como pocas veces lo había estado, pero mi cuerpo no me respondía más, sentía que moría, sentía como se había desprendido mi alma de mi cuerpo, y cuando todo parecía haber muerto de una sobredosis de excitación, cuando ya no podía respirar por el dolor que ya sentía en mi pecho, en mis pulmones, en mi nariz, cuando la vista se comenzaba a distorsionar, cuando mis rodillas se doblaron y prácticamente todo mi ser, sucedió... volví a vivir.
