Ella miraba cabizbaja, recostada y
absorta en sus pensamientos, no
intentó mirarme, yo entré y saludé.
De sus pensamientos se despojó, me
atendió normal, respondió a mis
preguntas y yo regresé a mi
trajinar.
Ahora me pregunto, ¿qué ganaría
querer adivinar, carajo, lo que las
personas en su privacidad piensan?
