Nunca me he considerado un buen poeta
solo intento describir en líneas lo que arrolla mi vida, como a la tierra un cometa
Cuando, por cosas del destino, de Dios, Karma o bendición (en estos días se le llama de muchas formas)
apareciste en mi vida, no esperaba que llegase a brotar de mí aquello a lo cual evadí tantísimo tiempo, por temor a obtener el mismo resultado.
Sin embargo llevo contando desde aquel diciembre hasta este preciso momento 370080 minutos, 257 días o simplificándolo mas 8 meses y 14 días cuando, en aquella calle de un pueblo maltrecho y casi desahuciado, con el atardecer de fondo, te vi por primera vez.
Desde entonces y hasta la fecha, solo puedo dar gracias a lo que fuese que hiciese que me terminara escupiendo en aquella montaña, pues desde entonces, y contigo, he encontrado sosiego y éxtasis en cada segundo que has tenido la nobleza de pasar a mi lado; podría describir al detalle la primera sonrisa, el primer enojo o los mil y un gestos que he almacenado de ti y cuan graciosos me pueden resultar algunos de ellos. Siempre te considero como esa pequeña cajita
cerrada que te regalé y aún hoy día sigo, tras abrir un pétalo nuevo, encontrando cosas en ti que me hacen estremecer.
La vida pasa, y el tiempo también, y yo solo pretendo vivir y exprimir al máximo cada uno de ellos mientras este a tu lado, el resto de tiempo es como vivir en un status quo.
Así aprendí a medir el tiempo desde que vives en mí, entre el tiempo que estás y el tiempo en que te espero. Sé que soy testarudo, un tanto malhumorado y quizás sin gracia. Pero, pese a mis millones de defectos (los cuales intento mejorar día a día), espero que divises en mí, aunque sea un motivo para quedarte en este metro cuadrado de desastres, ya irás descubriendo que no siempre es tempestad aquí y que cada detalle, escrito, o tontería que haga, las haré pensando en ti.
No sé hasta donde llegaremos, solo sé, que el tiempo que tenga el placer de estar junto a ti, daré lo mejor de mí porque te veas (aunque solo sea por un instante) a través de mis pupilas, las cuales hoy brillan, han dejado de ser lúgubres y se siguen dilatando cada vez que en mi pantalla aparece un mensaje con tu nombre. Verás que, para mí lo mas bello de ti es tu transparencia, tus defectos y sobre todo tu fuerza, aunque me repitas que de fuerte poco o nada tienes.
Solo me queda terminar este escrito pidiendo mi deseo de 11.11 y es que Dios permita, bendiga y todo lo maravilloso que está por delante. Que de mi todo lo mereces e intentaré día tras día demostrarte que feliz es un palabra de la que hoy puedo vivir gracias a ti.
