¡Adiós!
Adiós sobrino mío,
que tanto dolor recibiste
en tan pocos días vividos,
tanto oprobio, tanto desprecio,
de tanto corazón resentido;
pero también mucho amor,
muchas lágrimas y el cariño
de una Madre triste
porque ahora has partido.
¡Adiós!
Adiós sobrino mío
cuanto lamento con el alma
no haberte conocido,
no podré cargar en mis brazos
tu frágil cuerpecito,
ni podré escuchar tu voz
alegre decirme: ¡Tío!
pero una cosa te prometo
que nunca tendrás de mí y es: ¡Olvido!
¡Adiós!
Adiós sobrino mío,
pequeño ángel de Dios
brevemente consentido,
se que cuarenta y cinco días
de tanto sufrimiento vivido,
nada son, junto a una eternidad
de atenciones y de mimos
que hoy recibes en el cielo
¡Junto a otros angelitos!
