Ayer afloraron los más angustiosos pesares en un lapso de tiempo brevísimo como bocanada mortal que brota de los labios de aquel guardián cadavérico, protector de esos abismos.
Fueron sentimientos reunidos deliberando macabramente en mi espíritu como si los muertos de toda la época humana me recordaran sus sufrimientos y el porqué de sus fallecimientos, en mis oídos los llantos de todos los huérfanos pidiendo auxilio, en mis tímpanos los quejidos igual que sales de mar en aquellas viudas exhortando a la muerte para que devuelva a sus esposos, eso fue, eso me sucedió, sentí una expresión de la depresión, un muro que divide los tiempos en los cuales está pintado con la sangre de los caídos sin haber conocido lo que es nacer, interfectos en el vientre materno por prava vileza.
Ayer combatí lo que me hiere. ¡Ah! lo pude padecer, en verdad les diré que no hay infierno que vapulee cadáveres tragados por sombríos reptiles en esa selva que llaman juventud. Juventud corporal, senectud espiritual. Dos horas de perjuicio, ¡a quien le demandaré por tremendo trato! ¡cómo mandarle una misiva a la vida para que se aparte de mí y me deje morir! ¡cómo decirle a los destinos que me permitan gozar! Llamaradas devoradoras.
¿Porqué hay erupciones en éste lancero corazón? ¿calcinando mis órganos por amar de forma visceral a quien no me corresponde? Todos sabemos que existe el sufrimiento o el desasosiego pero ¿cómo repararlo? Quise llorar, ¡pude haberlo hecho! ¡pero no lo hice! me contuve, ¿no sé por qué? sólo sobrellevé lo que un frágil humano en agotarse, lo que un caminante en rehuirse; además éste dolor no se puede comparar con ninguna metáfora, o sofisma filosófico, con ningún paralelo animal o terror natural, ni con lluvia ni con granizo,
ni con demonio ni con espada saliente, sólo supe que esta vida no era para mí, que tú no me amabas, que la gente me odiaba, que las amistades se recluían solas, que la bondad es una ilusión en el sueño del niño, que la maldad es una maldición real en la tierra para el hombre.
Digan lo que crean soy victima de mi mismo, inocente de mis artificios, huérfano de los besos juveniles y ajetreos bebibles, esclavo de la moral ¡que ciega es ella! mil formas de morir cruzaron por mi mente en esas horas tan crudas y reales, incertidumbre por no saber de mi propio hado, menoscabo por no descifrar lo incognoscible de la existencia terrena...
Pavor certero del decaimiento personal y colectivo, quise matarme pero no reuní los suficientes bríos para hacerlo tal vez sea un miedoso al no lanzarme por el abismo que hay en mí alcoba, es que tengo miedo al dolor; parece algo tonto vivir para estar fallecido o fallecer para estar vivo. ¿Tendré fortaleza anímica para salir adelante?, he visto batallas pero jamás he batallado, puedo respirar pero en mí no hay respiro,
¿está la piel tatuada con manantiales de sangre en cada herida? Se mezclan hálitos espurios de felicidad con satisfacción, la primera es común y fácil de hallarla en cambio la segunda es ¡necesario sufrir para tenerla como mortaja del occiso por la búsqueda en conocer lo que no te depara!