Este es el canto triste,
de mi pueblo desangrando
que hoy está llorando,
por sus hijos preguntando.
Este es mi canto triste,
que yo te regalo en duelo,
por tus muertos, por tu suelo
por tu sangre, por tu anhelo.
Ayer fueron sólo cinco
en un rato por la tarde
y aquel que sea cobarde
que no llore y que se largue.
Estoy saliendo del café,
con un libro bajo el brazo
de un poema un retazo,
de mi parte un gran abrazo.
El día que ya no escriba,
es porque estaré ya muerto,
enterrado en aquel huerto
donde reposan los santos
y a pesar de no ser uno
yo casi me cuento entre ellos
y si quieren comprobarlo
vengan y se los demuestro
recemos un padre nuestro,
y olvidémonos del resto.
