Cuando hoy me encuentro tan lejos, de mi tierra y de mi gente,
no sé por qué caen a mi mente los recuerdos más amargos,
es una especie de arraigo lo que siento hoy por ti,
ignorando que para mí, todo no es más que otro sueño.
Sabiendo que hoy tienes dueño, que te alejas más de mí.
No me duele que le entregues tu calor y tu ternura,
los labios que con dulzura un día los míos besaron,
las manos que me acariciaron, ahora serán para él,
mientras tanto, serle fiel es tu meta hasta el final,
para así tratar de olvidar todo cuanto yo te amé.
Tampoco me dolerá que platiques a su lado,
que le des lo que has guardado de todo cuanto te di,
de ese amor que compartí contigo, por todas partes,
para más tarde quedarte con el alma ya vacía,
ahogándote en la agonía de sentir aún amor por mí.
Me duele hasta en lo más hondo el tiempo que ya he perdido,
matando lo más querido que dentro del cuerpo llevaba.
Aquello que deseaba a fuerza de corazón,
obviando hasta la razón de vivir tan engañado.
Vivir sólo a tu lado era mi mayor pasión.
Estoy seguro que un día de mí te acordarás.
De cuánto fuiste capaz, al marcharte de mi lado,
dejándome abandonado cuando más yo te quería,
ignorando que sería esa, la última vez,
que de rodilla a tus pies, pensé que te quedarías.
Ya nada puedo yo hacer, ya he perdido tu cariño,
como pierde cualquier niño la madre que lo vio nacer.
Pero yo he de comprender que son cosas de la vida.
Otra alma queda herida y otro amor que ya se fue.
Mientras tanto yo seré, el guardián de la desdicha.
