Lo entregué todo, di mis besos
mis pasiones, mis tiempos. Le di
sin duda alguna, el espacio que
nunca pensé reservar, ese que siempre
al dolor nunca llegaría. O eso pensaba yo.
Cuando le juré ese amor intenso, duradero
y fugaz, ella me correspondía, no era nada
sin su alma vacía. Nunca fue tardía y lo
mejor, siempre creyó en mí...
Todo el tiempo dado, las caricias entre
ratos y esa mirada en sus ojos. Ese...
ese fue el tenaz veneno que pudo poner
frente a mi mirada, y que no se hallaba
en sintonía. Era un vacío frente al corazón.
Ahora no siento ganas ni tristeza
ni mucho menos una gran dolencia. Siento
todo y nada a la vez. Porque eras
simplemente eso: todo.
Ese todo que me entregaba sus besos,
sus pasiones y sus tiempos. Sin duda
alguna, me dio el espacio que jamás
pensó reservar. Ese que nunca pensó
que al dolor fuera a llegar.
¿Ella lo pensaría?
