Me escribiste una tarde de invierno,
contesté con desgana a tu mensaje,
fue un día antes de año nuevo,
casi parecía hasta un ultraje.
Con el "Hola" me tuviste,
enganchada como una joven colegiala,
enamorada del galante de Valladolid,
que enseguida consiguió hacerme reír.
Nunca me aventuraba a tales cosas,
pero pronto mi teléfono te di,
hablábamos eternas horas,
Y de buena cuenta sentí,
que tenía el corazón perdido por ti.
Días de hermosas palabras,
promesas que intentamos cumplir,
idealizamos el momento de vernos juntos,
y tres besos en los labios te prometí.
Pero igual que un día fui tu sol,
al siguiente cayó el crepúsculo,
la luz de mi vida desapareció,
y la noche apagó mi mundo.
Dejaste de escribir,
dejé de escuchar tus bellas palabras,
tu risa ya no era mía,
tú ya no querías permanecer en mi vida.
Intentar aparentar normalidad,
decirse a uno mismo que todo fue pasajero,
es difícil de aguantar,
cuando te has enamorado de un hombre verdadero.
Necia fui con mi corazón,
creyendo que a mis mensajes contestarías,
pávida fui con mi alma,
pensando que algún día te vería.
Creí ver un camino contigo,
sentí que me guiabas por el pasillo recto de la vida,
pero nos engañó el destino,
y te has marchado para siempre de mis días.
