Y una vez más me encontraba en el medio de una gran madrugada, perdiendome entre los tic-tac del reloj, preguntándome el mañana, preguntándome el por qué y el cuando, escuchando el sonido del tren que viaja a través del aire y al mismo tiempo escuchandolo a el,
El sonido que hacia palpitar cada vez más rápido mi corazón, aquel al que temo, al que le debo mis malditas frustraciones.
Es el que me enseñó a voltear atrás y preguntarme el que era, para luego acelerar mi paso y huir de aquello que me perseguía, de lo que sabía que si me quedaba ahí me destrozaria más que mil susurros al oído.
También me recordaba, que si no daba un brinco ante ese barranco se encargaría de tomar mis sueños y arrugarlos como papeles inservibles, era el que no solo estaba presente en mis sueños, sino, que estaba presente en mi día a día, haciéndome mirar al vacío por horas, manteniendome en silencio mientras mordía mis uñas.
Imaginando más de mil escenas horrorosas donde no podía escapar de la vida, viendo el lado más despreciable de cada persona, poniéndome en contra de todo y de todos.
Provocando insomnios cada noche, atacándome con un cuchillo diferente todas las veladas, había veces que solo me quedaba ahí, tirada pensando en que eso me dañaría más que la muerte,
Pensaba en su nombre sin tener ninguna pista, algún recuerdo o incluso alguna prueba de que existíera.
Pensaba en la locura, en el presente, incluso en el futuro, pero ninguno coincidía, ninguno me aterraba a tal extremo como aquel, el que me provocaba escalofríos en la noche y cansancio por el día.
Le preguntaba a mis sentidos, a los demás, leía, imaginaba, pero nada respondía...
