Amelia se encontraba en su habitación, sentada al borde de su cama, mientras imaginaba las siguientes escenas en su vida. Su mente solo podía imaginar cómo sería su vida después. Comenzaba con momentos de felicidad que crecían para llegar a convertirse en vacías y profundas vivencias que le dejaban confundida y sin esperanza hacia lo que todavía no vivía.
Así era Amelia, una persona controladora y descuidada. Mujer y niña a la vez, tan madura y tan infantil. Podía pasar horas idealizando su futuro, ignorando el presente y siempre llegaba al mismo punto, al momento en que encontraba su vida ya terminada. Algunas veces el éxito la acompañaba y lograba todo lo que quería pero otras, acababa como la persona que nunca quiso ser. ¿Cuál era la mejor decisión que podía tomar?
Porque Amelia era muchas personas en una. Bailarina, actriz, científica, atleta, diseñadora o cualquier cosa que fuera su obsesión en el momento. Eso era lo que le inquietaba tanto, saber que de tomar el camino equivocado, toda su vida cambiaría. Así como pensaba qué tan diferente sería su vida si sus padres le hubieran llamado Amalia en lugar de Amelia -porque una letra cambia muchas cosas- repetía siempre que llegaba a ese momento en su meditación.
Y si una letra puede cambiar tanto una vida, la decisión que tomé podría crear un gran problema con la Amelia de ahora y la del futuro. ¿Volvería a tener los mismos intereses? ¿O las cosas que le fastidiaban llegarían a ser lo que más disfrutaría? El temor era su acompañante siempre, no importaba a qué se enfrentara, había temor en cada parte de su ser. ¿Qué pensarían las personas de ella? ¿Cómo la recordarían? Si tan solo pudiera ver el final de su vida, los recuerdos que las personas tendrían de ella…
Se martirizaba al pensar que tal vez no llegaría a tener suficiente éxito al alcanzar sus expectativas, si eso sucedía lo único que estaba en su mente era ¿Cómo podría ser la crónica de una vida que no tenía suficiente justificación de hechos para ser recordada?
Ese tipo de cosas pasaban por su mente todo el tiempo, siempre preocupándose de más. Pero no se le puede juzgar, si se trata de su vida, para ella todo tiene que estar bajo control, desde su cabello hasta lo perfecto que debía ser su destino.
Entre tanto, su vida transcurría lentamente y nunca se sabía cuándo su presente pasaría a ser su pasado y empezaría a vivir su futuro. Hasta que pueda entender eso, Amelia ha decidido ocupar su mente en otra cosa, como decidir qué debe vestir al día siguiente. Después de todo ella solo tiene 16 años.
