Vistes de oscuridad… de sombras de luz, cuando nadie apareció para ayudarme, apareciste tú.
Dijiste que me acompañarías, en la destreza de vivir, me enseñarías lecciones de librillos que maestros ya no enseñan, y palabras prohibidas que a nadie más podré decir.
Aun en silencio desde el día que te ví, sabía que no hablarías nunca, pues ya había cavado tu tumba, antes de olvidarme de ti.
Prometo acordarme de tu cumpleaños y nuestro aniversario, pero no como tú, que has callado sin pensarlo.
Acuerdate de nuestros paseos y nuestros días de risas y vagos.
Ya sabes, cuando sobra el tiempo, cuando el trago más amargo, esté en mi vaso y no en ti.
Ahí estarás, querida, recordándome que siempre estuviste ahí, y que la culpa fue mía, por no verte nunca sonreír.
Me hubiese enamorado, lo juro, pero me enamoré un poco más de mí.
