Palabras vacías, textos rotos que nadie escribió y a nadie se dirigieron, retazos de un deseo aletargado que espera algo que no se mueve ni quiere llegar.
Paredes que resuenan con su nombre y almohadas con ya distinto perfume, llamadas ahogadas de socorro a unas alas sin viento, cayendo al eterno vacío y sin querer alguna salvación.
