Treinta y tres minutos de este 28 de febrero.
Llueve y me olvido de mí
no hace frío pero necesito un abrazo.
No quiero que sufras cariño, mañana no voy a volver.
Aquí se está bien
No tengo café; ya me bebí suficiente insomnio
Tampoco lloro; ya me rompí demasiado.
Te juro que se está bien,
la noche y la lluvia
el papel y la tinta
la oscuridad y la luna
yo y tus recuerdos,
¡qué bonita noche para pensarte! desde luego es el suicidio más dulce.
Ayer conté pájaros.
Ayer soñé con la Luna,
brillaba más que nunca y
me confesó que estaba enamorada del Sol, que le encantaba cómo reflejaba su luz en ella pero
cada vez que ella se daba la vuelta para estar con él
él daba la vuelta para alejarse de ella.
Pobre ilusa, aún cree.
Mañana te miraré a los ojos,
puedes sonreír, no voy a caer,
mañana te miraré a los ojos y te diré que hoy te estoy escribiendo.
Estoy convirtiendo tus miradas en palabras escritas con regaliz
tus mentiras en música
y tu sonrisa en arte abstracto.
No te escribo porque te quiero
te estoy escribiendo porque te quise.
