Y a pesar de todo sigo soñando aun despierto, la cruel realidad
me golpea como siempre donde más duele
En mi cansado corazón, fiel sobreviviente y dueño de mis sueños
En cada uno de sus latidos pronuncia tu nombre Adéle… Adéle,
Sigue vivo aferrado a un sueño imposible y muere cada noche
para renacer de sus cenizas cual ave Fénix cuando llega
el alba y el sol nos anuncia un nuevo día.
Hoy el cielo amaneció cubierto de grises nubes, presagio de
que la lluvia pronto llegará, llueve en mis ojos “Ventanas del alma”
son las lágrimas que en silencio derramo por ti cada día
al darme cuenta de que siempre serás un sueño para mí
nunca una realidad, llora mi corazón eterno huérfano de tu amor.
La lluvia comenzó lentamente e implacable, los pájaros
buscan refugio en los árboles anunciando el ocaso del día,
vuelvo a ser la sombra que camina entre las sombras,
vagabunda y errante que el viento de esta noche
arrastra por las calles del destino como una hoja más
marchita por el tiempo y reseca por el sol de los años.
Llueve las calles están desiertas, inundadas de soledades y nostalgias,
cantan las gotas de lluvias en los ventanales que lentamente me ven
pasar junto a mi sombra, susurran muy despacio es el hombre aquel,
el hombre aquel que la lluvia ya no moja más, porque está hecho
de lluvia, silencios vientos y tristezas que caminan junto a el
y a su sombra, eternos mendigos errante de felicidad
marionetas del destino que tienen las noche de lluvias.
Llueve... Adéle donde estarás tú
¿golpeará la lluvia en tu ventana? como estarán las calles de París
viajando en el viento, una hoja llegará hasta tu puerta para decirte
que el hombre aquel te escribió este poema con sabor a tristeza
escrito con letras gastadas color de tiempo, en un trozo de papel
de las páginas de mi alma.
Adéle Exarchopoulos simplemente única como la lluvia de otoño.
