He visto amaneceres oscuros pero tibios, como los cielos cuando llenos de nubes negras que lloran, canciones llenas de pena y profundas lágrimas, almas fragmentadas en pedazos de vidrio, un vaso trizado por la fuerza del impacto, cuerpos marcados que son heridas del tiempo. Así terminas alejándote, marchando por las calles de la desolación, condenación de un alma perdida de la elocuencia, signo de destrucción o aniquilación. Así me dejas con tu adiós.
