Fuiste pasajera con anclas en mi vida,
una espera galena en pasantía.
Me absorbiste cual el adobe a la humedad
dejando florecientes tallos
de la cópula desenfrenada
en pálidos retratos.
“Te amo” repetía tu boca en falsedad
mientras girabas en hélice por mis lados.
Ni un zumbido escapó de tus labios,
ni un susurro de amor encadenado.
Como el tórtolo que acurruca a su hembra
tu figura en delgada sombra es mustia hebra.
