Señor, siempre me llevas de la mano,
y hasta ahora había sido suficiente,
para digerir las penas
que me asaltan,
y bajar los decibeles
de mi llanto.
Soy como un niño
que aún tomado de la mano de su padre,
tiene miedo de caer
y nunca más levantarse,
pero recuerdo que tu mano
además de amorosa es firme,
y sé que nunca vas a soltarme.
Aunque no soportaba esas noches de desvelos,
aunque me atormentaba el pensamiento
saber que un día no muy lejano
solo sería de unos labios una frase,
luego un borroso recuerdo,
después solo vacío
y silencio…
cuando hacías esa pausa en el camino
para señalarme aquella luz
que brillaba más allá del horizonte,
mis ojos comenzaban a enjugarse.
Pero hoy no, esta vez no,
no me basta que me lleves de la mano,
y quiero confesarte
que es por culpa de Ella,
la que me dio el primer beso
de amor, y era el último
sin saberlo,
La que me dio con sus labios la miel
y el vinagre,
la que me corroe el corazón
con su desprecio,
la que se disfrazó de cielo
y sí que sabe disfrazarse,
porque tras esa ternura,
esos tímidos gestos,
esa sonrisa linda como un paisaje,
esa mirada de fuego,
se escondía una fiera terrible
que devoró mis sentimientos,
que me dejó vacío el corazón,
y aunque me vean joven y vivo
me estoy muriendo...
Por eso esta vez no,
no me basta que me lleves de la mano,
hoy quiero que me cargues
porque puso espinas en mi camino
porque tengo los pies desnudos,
porque ya he comenzado
a desangrarme...
