El tiempo, es una luz que intenta ocultarse en la sombra del viento burlón, que se besa, que se va de cabeza, de lejos expondré mi herejía rogando por verte mientras veo a la muerte como lanza sus dados, como detesto un día sin una llamada tuya y por la distancia, no quiero ser más burlado…
La distancia nos ha declarado la guerra, nos ha declarado el amor, no quiero estar en casa otra vez, como campana de iglesia, de donde Dios fue expulsado y se fue, como detesto un día sin una llamada tuya, y la distancia, una fortaleza infranqueable un gigante insondable…
Te busqué entre docenas de calles y sitios vencidos, en barcos hundidos y tú ya te habías ido, el enigma del sueño y un mundo pequeño sin amo sin dueño, donde la distancia la recorra contigo, como detesto un día sin una llamada tuya, y lo peor es que no vivo a la vuelta, como detesto un día sin una llamada tuya, esa distancia, como detesto un día sin una llamada tuya, pero cuándo hay amor, pero cuándo hay amor, ¡pero cuándo hay amor!, ¡la distancia a la que importa!
Autor: Daniel Fernández
Colaboración de
Lubaldor
México
