La daga atravesó mi pecho con ritmo desesperado y lento
al ver la sangre estallaste de miedo
y huir era tu más grande sentimiento
Y me dejaste ahí, tirada
Mientras la sangre salía de mi maltratado cuerpo
mi alma se aferraba sin consuelo
Pero ya pasaron días y meses
la luna llena se asomó varias veces
ya hoy me encuentro recuperada
de la herida no queda ni la marca
A veces mi corazón da saltitos
pero no tienen nada ya que ver contigo
Sigo en mi jardín regando cada planta
comiendo sus frutos
y compartiendo con el que pasa
No sé si alguna vez el mango te supo a guayaba
y la guayaba a nada
eres piel sin alma
que se disfraza de colores
para engañar a las hadas.
