Allá en el barrio de nunca me encuentres
Doña Chencha la del 715, calle desconocida
trabaja arduamente en las labores del hogar
su rutina sin fallar es la siguiente a detallar:
a las 5 para oreja, creo que el gallo dio su primer cantar,
se levanta muy perpleja sus ojitos a desempañar,
Viejo, Viejo, ¡ya es hora!, pues si no trabaja
el chivo del fin de semana. Quien se lo ha de dar,
y a llenar cubetas de agua, pues el polvo de la calle
con agüita hay que aplacar, ya expensas de llenar
las 10 cubetas que ocupa, pues en estos tiempos
víctimas de la inconciencia humana, el agua tiende a escasear.
Aseguró las cubetas llenas, bien por Doña Chencha,
por regar su calle ya no se ha de preocupar,
sigilosa corre a la tienda de la esquina, Doña Lupe,
y el chisme matutino, ahí la han de esperar.
Voy por tus huevos viejos, para el lonche preparar,
se pregunta en sus adentros, un par de salchichas,
3 pesos de chorizo, ¿acaso he de completar?,
Pues para el lonche de mi viejito, hay para mi Dios dirá.
Con la solapa del suéter, una arriba, otra abajo,
y cubriendo su pancita, con su delantal,
una peineta sujeta su cabello,
aquel que por las prisas, ni siquiera alcanzó a peinar.
Que decir de sus chancletas, ese color negro polvo,
opacan esos detalles que cuando nuevas pudieron tener,
Doña Lupe, come carne desde temprano, le convido un poquito
A Doña Chencha por aquello del que dirán,
-No supo acaso Doña Chencha que al de la casa bonita
Los sicarios vinieron a asustar,
-Ay Jesús, María y José, Dios nos libre Doña Lupe.
Bueno, anóteme el chorizo, porque ya no completé,
Buenos días Don Porfirio, como le amaneció,
Que tal Carmencita… ¿Va llegando o va saliendo?
Y pues ahora ¿a quien de los tres le toco?
Piensa en sus adentros, Doña Chencha es respetuosa,
Semejante majadería, de su boca no salió…
Preparó el lonche y un café negro de olla
que bien bueno le salió,
barre la calle, sacude, limpia, lava trastes,
antes de las 11, pues la TV la espera
con el desenlace de la novela, donde la pobre
se hace rica, y la rica es la mala, y...
La mala siempre muere, y es como aquellos
cuentos de princesas y cenicientas,
que te sumergen en un mundo fantasioso,
presurosa, sigilosa, pues casi la hora
del encargo de su hija, la 11 de 13, ya llegó...
Ir por los nietos a la escuela, llevarlos a su casa
darles de comer, ayudarles con la tarea,
blablabla, Doña Chencha debiera ser pulpo.
O quizás si lo es,
y a parte hacer la comida, una sopita, un arrocito,
y ya por la tarde, la descansada, viendo atentamente,
su talk show, hay tres a escoger…
Con las conductoras de heroínas
que la vida de todos pretenden resolver,
y ahí tienen a Doña Chencha llorando
y con su delantal las lágrimas secando…
Pues la rutina casi termina,
Y ya en pocos minutos su viejo en la escena
va a aparecer, con un hambre de alambre,
justo cuando ella se disponía a comer…
Quítame los zapatos viejita… Ando cansado,
y mientras descanso sírveme de comer,
a carajo Doña Chencha, sus tripitas rugiendo
pidiéndole a gritos de comer…
Al fin pudo hacerlo y su hambre satisfacer,
y ya casi caída la noche, aún tiene trabajo,
planchado, lavado y mucho que tender.
Mientras su viejito plácidamente
duerme la siesta con tranquilidad,
antes de pedir la cena y de nuevo descansar,
y ya caída la noche, en su andar hasta su cama,
sigue recogiendo, limpiando, trayendo, llevando,
hay Doña Chencha que aguante, Dios me la ha de socorrer.
Colaboración de KaryVe
México