Como el cielo se retumba entre sus laboriosos placeres de la discordia, y mientras el trasplante del atardecer hace sus recorridos, yo me imagino en un mundo de sin cesares, y perdidas verbales, a lo largo de la arena suave e inquieta.
Como entenderte a ti gran luz, como saber cuándo saltar y cuando frenar, como entender las suaves brisas del atardecer, como trascender entre oscuros pasillos enrollados.
Dame o gran luz el placer del verano, la sabiduría del viento, la esperanza del mañana, el respeto del cielo, para no decaer en esta tan maltratada mañana, que pide a gritos el sonar del júbilo.
Colaboración de
Andrés Felipe F. H.
Colombia
