Madre, eres el ser que me dio la vida, la que sufrió al yo nacer, la persona que disfrutó al verme dar mis primeros pasos, la que no se molestaba en curar mis heridas cada vez que me caía, la mujer que me cuidó cada vez que me enfermé, sin quejarse por un momento el no poder descansar.
Madre, gracias hoy quiero darte, porque fuiste el ser que sembró la primera semilla de amor y comprensión en mi corazón, por ser también la persona que me alegra cuando estoy triste, la que me abraza cuando siento frío, la que me acompaña cuando me siento sola (o), la que esta conmigo cuando más lo necesito.
Usted evidentemente ha sido el árbol que a lo largo de mi vida me ha dado sombra y la luciérnaga que con su luz ha llenado mi vida de sapiencia.
Colaboración de
Valentina
Venezuela
