¡Oh! madre, madrecita querida.
Tú que tienes el secreto y don de la vida.
Tú que cuando vez mi esperanza perdida,
me das con tu cariño fortaleza y alegría.
Tú que conoces de sufrimiento y desvelo,
por velar mi niñez, mi enfermedad y mi llanto.
Tú que conservas aun vivo el encanto,
de curar las penas del alma con tu consuelo.
Tú, la más pura y santa mujer de este mundo,
que conoce de todo percance que la vida me ha dado.
Sé que en este mundo no hay otro ser más sagrado,
que exprese la ternura, el cariño y el sentimiento más profundo,
como el amor de mi madre...
Tú, madrecita bella, madrecita hermosa.
Que cuando mis penas crecen las apaciguas con ternura;
Con tus suaves manos traes petalos de rosas...
Apaciguas mis tempestades y con tu cariño mis locuras.
Bendita seas madrecita querida:
Por darme de ti siempre lo mejor,
por darme cariño, ternura y amor,
por darme de ti un pedazo de vida....
¡Si hoy pagarte quisiera!. ¿Como podría?
Si lo que tengo y lo que soy todo me lo has dado...
si eres del mundo lo más sagrado
Y para pagarte la vida no me alcanzaría...
Así es de grande y puro el amor de mi madre...
Colaboración de Martin Henríquez
El Salvador
