Ella buscaba el silencio,
como se busca a un amigo.
Huía de los ruidos
que hambrientos devoraban sus ideas.
¡Ven silencio! suplicaba,
y el silencio no acudía.
Las risas, las voces,
las fauces de la ciudad escandalosa
lo desmenuzaban y lo disolvía.
Lo encontró un día, lejos de su casa,
donde los árboles cantaban con la brisa
y los caminos no existían.
Se sentó sobre la hierba,
aguardando a que el silencio se acercara.
Feliz y cansada, oyó el palpitar de sus latidos,
entonces supo,
que había nacido su poesía.
Colaboración de Amelia
Uruguay
